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Carmen Mondragón, conocida como
Nahui Ollin, fue una pintora y poetisa mexicana que nació en la ciudad
de México, en el seno de una familia acaudalada del Porfiriato, a
finales del siglo XIX. Aún siendo niña, sus padres la enviaron a cursar
la educación básica en París, Francia, en un internado donde también
aprendería sobre diversas artes, como la danza clásica, la pintura, la
literatura y el teatro.
Fue en 1921 cuando conoció en una exposición pictórica al destacado
artista plástico Gerardo Murillo, quien era conocido como el Doctor Atl.
Su talento la cautivó de tal modo que decidió visitarlo en su casa; así
fue como muy pronto iniciaron una relación amorosa que se mantuvo por
casi cinco años y de la que sobreviven más de doscientas cartas escritas
por ella y varias obras que la retratan firmadas por él. Es en ese
momento de su vida donde Carmen asume el nombre de Nahui Ollin, palabras
que recuerdan la fecha que en el calendario azteca era consagrada a la
renovación de los ciclos del cosmos.
Con su forma de provocar a la moral, Nahui desafió las buenas
costumbres, rompió reglas y, seduciendo al entorno, encarnó a “la mujer
fatal”, a la vampiresa. Fue una musa de grandes ojos verdes que
descendió a los infiernos para dejar su imagen impresa, imborrable. Para
1934, luego de la muerte de su último amor, Eugenio Agacino, Nahui optó
por la soledad que, al mismo tiempo, le permitió consagrarse por
completo a la escritura dedicando sólo un poco de tiempo a la pintura.
En su obra, literaria y pictórica, la sexualidad aparece casi como
obsesión, lo mismo que la adoración a sí misma y el disfrute de sus
amores. Los últimos años de su vida los pasó en el centro de la ciudad
de México, acompañada tan sólo por sus gatos, desempeñándose como
maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una
beca que, mes con mes, le daba Bellas Artes. Murió en 1978 en medio de
la desolación absoluta. |